JUNTOS PODEMOS

UPyD ha obtenido en las pasadas elecciones generales unos magníficos resultados, únicamente empañados por esa camisa de fuerza llamada Ley Electoral. En la Comunidad Valenciana podemos estar particularmente satisfechos, al haber conseguido aportar al Congreso el único diputado no perteneciente a la circunscripción de Madrid, y por haber experimentado un crecimiento de voto dificilmente imaginable hace cuatro años. Es necesario recordar los 19.000 votos obtenidos en las elecciones generales de 2008 frente a los 146.000 de hace unos días, casi 8 veces más. Además, este crecimiento ha sido uniforme en las 3 provincias, con tan sólo unas décimas de diferencia entre ellas. Nuestros resultados nos sitúan como 3ª fuerza política en las 3 capitales de provincia (que se dice pronto) y como 4ª en la Comunidad.

Todo ello nos coloca ante la necesidad de realizar un ejercicio de responsabilidad enorme. Responsabilidad frente a nuestro programa y frente a todos sus votantes. Eso significa en primer lugar dotar a nuestras propuestas programáticas de altavoces permanentes y eficaces, de forma que cada vez más, seamos capaces de llegar a amplios sectores de la población que aún tienen desdibujado el perfil de nuestro partido.

En segundo lugar, significa ser capaces de llevar a cabo una labor fecunda y minuciosa para encarnar esas propuestas en la realidad política concreta de la Comunidad Valenciana, de modo que resulte evidente que nuestro programa es capaz de responder de forma congruente tanto a las necesidades globales del país como a las específicas de nuestra comunidad. Congruencia en este caso significa demostrar que, tal como decía Toni Cantó, lo que es bueno para España es bueno para la C.V., y que, de manera inexcusable, en sentido contrario debe serlo también.

Y en tercer lugar, ello significa apostar decididamente por sumar voluntades y recursos en esas tareas. Demasiado sabemos el enorme esfuerzo personal que significa en ocasiones el compromiso, como para enquistarnos en actividades de pequeño círculo que dificulten o imposibiliten el aporte de cualquier afiliado y de cualquier simpatizante que cabalmente pueda ayudar a cumplimentar las dos condiciones anteriores.

Juntos podemos.

IS NOT BIUTIFUL

Nada es “biutiful” en la tremenda película dirigida por el mexicano Iñárritu y protagonizada por Javier Bardem, una desoladora travesía por el cuarto mundo suburbano de una gran ciudad como Barcelona. El infierno de la exclusión, la miseria y la marginación extrema siempre ha estado entre nosotros, por mucho que en la mayoría de ocasiones sólo queramos verlo de soslayo. Pero en nuestro país ello resulta cada vez más difícil, ya que cada día cientos o miles de individuos y familias están siendo succionadas por las ondas exteriores de ese agujero negro.

Así lo constatan, por ejemplo, esos programas de reporteros a pié de calle tan al uso últimamente en la parrilla televisiva. Ayer precisamente, al volver a casa después de ver la película Biutiful vi uno de estos programas en la Cuatro, dedicado a documentar el impacto de la crisis en lo que denominaban la clase media española: arquitectos que han pasado de diseñar grandes centros comerciales, a no poder pisarlos como consumidores ya que ahora malviven con su magra prestación de cuatrocientos y pico euros pronta a extinguirse; dueños de pisos en alquiler que descubren su casa vaciada de muebles por inquilinos que llevaban dos años sin pagar; parejas con su niño cobijados en una habitación de la casa de un familiar tras no haber podido hacer frente a la hipoteca del piso, y figurando como morosos en las cuentas del banco de turno; los servicios de Cáritas desbordados por el exponencial aumento de su clientela…

Pero si los rasgos de la crisis económica propiamente dicha son de una dureza extrema, lo que convierte la situación en insoportable es el comportamiento de los dirigentes de este país, encastillados en su iniquidad. Sobran las constataciones, día tras día, y los siguientes casos son sólo algunos ejemplos recientes: nos enteramos de que el señor Camps quiere ahora malvender y deshacerse del pelotazo de la Fórmula 1 en Valencia después de dilapidar decenas de miles de euros en un contrato opaco y vergonzante. El  mismo Camps de la misma Generalitat que copia a sus colegas catalanes emitiendo bonos “patrióticos” tercermundistas para obtener liquidez al tiempo que mantiene sus varios canales de televisión y radio autonómicos para su autobombo.

Asistimos también a la proclamación del gobernador del Banco de España, el inefable Fernández Ordóñez, afirmando que hay recursos de sobra para seguir capitalizando con dinero público a bancos y cajas de ahorro. Por ejemplo, concediendo los cuatro  mil millones de euros acordados a Caja Madrid y Bancaja por su fusión “fría”, dinero que estas entidades esperaban como agua de Mayo para inmediatamente anunciar un plan de prejubilaciones a partir de los 55 años que alcanza a casi cuatro mil empleados.

Y al cabo, Zapatero volviendo de Europa aplaudido por Merkel tras reafirmarse en su intención de imponer en Enero la reforma de las pensiones. Ya se sabe: más años trabajando, más años a cotizar, menos pensión. ¿A alguien le cabe alguna duda de por qué este hombre no ha dimitido ya? Pues porque aún tiene que prestar sus últimos servicios a los que le dictan su acción de gobierno, emocionados con las posibilidades que les brinda un país y un presidente tan débil y genuflexo con los poderosos, tal como  muestran, por si había alguna duda, los papeles de Wikileaks relacionados con  España. Y esto es, desgraciadamente, lo que hay. Un panorama nada maravilloso.

Palabras y hechos del PP en materia lingüística

Las sucesivas declaraciones y posicionamientos del PP en materia lingüística es verdaderamente un monumento a la desfachatez. La semana pasada, Concha Gómez, secretaria autonómica de la Consejería de Educación, se descolgaba en sede parlamentaria con unas declaraciones en las que se lamentaba de la proliferación de líneas en valenciano en la provincia de Castellón,  que imposibilitaba a los padres elegir si sus hijos quieren estudiar en una línea donde la lengua vehicular principal fuera el castellano (líneas PIP). Y digo yo: ¿a qué vienen estas lágrimas de cocodrilo cuando ha sido su propia Consejería la que ha permitido esta situación? ¿O es que acaso no ha sido la Consejería la receptora de las peticiones de los directores de los colegios, y quien ha dado su autorización aún de forma silenciosa y vergonzante (silencio administrativo)?

Concha Gómez continuaba en sus declaraciones intentando desmarcarse del modelo supuestamente de izquierdas (aunque sí nacionalista) de Izquierda Unida y de Escola Valenciana, a los que acusaba de desear un sistema monolingüe (en valenciano, claro) y de injerencia estatal, frente a su modelo conservador cumplidor de la legislación que ampara el bilingüismo y respetuoso de la voz de las familias en la educación de sus hijos. Y digo yo: ¿a qué viene este exabrupto propagandista cuando es su propia Consejería la demandada precisamente por no cumplir con la ley y por no tener en cuenta a los padres? ¿O es que acaso no ha sido la Consejería (y por elevación, la Generalitat) la destinataria de la denuncia de una madre de Biar ante la negativa del colegio de turno en escolarizar a su hijo en castellano?

El jefe de la secretaria autonómica, el Conseller Font de Mora, planteaba este verano sobre el modelo actual de líneas lingüísticas que “en un futuro más o menos lejano habrá que plantear algún tipo de revisión”, puesto que está “claro que plantea una dificultad de ajuste a las necesidades de los individuos concretos”. ¡Pero hombre de Dios, claro está! Pero dígalo claramente: el problema es la Ley de Enseñanza y Uso del Valenciano de su Consejería, una ley de “normalización” lingüística que zonifica el uso de las lenguas con un criterio territorial situándose por encima de los derechos de los ciudadanos concretos. ¿Van ustedes a derogar esta ley o no? ¿O lo que se plantean ya desde ahora y también en un “futuro más o menos cercano” es seguir mareando la perdiz con el ojo puesto en el rédito electoral y en la precarización económica del sistema educativo público?

Decía también el Conseller estar atento a las experiencias de otras Comunidades Autónomas: ¿quizás la de Feijoo en Galicia, que después de mucho prometer en campaña para obtener votos, después se olvidó, según denuncia Galicia Bilingüe? ¿O más bien la más reciente experiencia de Bauzá en Baleares, que después de anunciar que eliminaría la ley de normalización lingüística vigente en aquella Comunidad no ha hecho más que recular hasta pretender dar carpetazo a la cuestión? Pues estamos apañados, porque todas estas experiencias junto con la propia de la Generalitat Valenciana sólo indican una cosa: que entre las palabras y los hechos del PP en materia lingüística media un gran abismo compuesto por el más puro engaño.

 

Ante la huelga general

La convocatoria de huelga general del 29-S es uno de los grandes escollos a los que se enfrenta Zapatero este otoño, junto con la negociación de los presupuestos y las elecciones catalanas. Se trata de tres acontecimientos que pueden determinar en buena medida el devenir próximo de este gobierno que, huelga decirlo, debería haber convocado ya hace meses elecciones anticipadas si lo que tuviera en mente fuera el interés general. Por el contrario, Zapatero parece decidido a apurar en la medida de lo posible la legislatura para ultimar su ingente tarea de expolio económico y de vulneración constante de la libertad e igualdad de todos los españoles.

Es en este contexto donde hay que situar la convocatoria de huelga general, y donde hay que valorar su oportunidad y sus consecuencias. Comparto algunas de las razones esgrimidas por aquellos que se posicionan en contra de esta convocatoria, especialmente aquellas que señalan el desprestigio, ganado a pulso, de las principales organizaciones sindicales convocantes –UGT y CCOO-, y su cuota de responsabilidad en el proceso que nos ha llevado a la actual situación de crisis económica. Es más, como delegado de CCOO en la Universidad, conozco de primera mano estas circunstancias.

Sin embargo, el significado y la oportunidad de la huelga van más allá de esa valoración negativa de los sindicatos. Porque de lo que se trata es de si ante las políticas de carácter económico que está llevando a cabo el gobierno (rescates bancarios, enfoque de la reducción del déficit, reforma de las cajas de ahorro, reforma laboral, próxima reforma de las pensiones), los trabajadores de este país deben disponer de semejante instrumento de oposición y protesta. En mi opinión rotundamente si: el carácter y el calado de la política económica de Zapatero merecen una oposición frontal, amplia y sin contemplaciones, porque corremos el riesgo cierto de caer en una situación de postración y de empobrecimiento a medio-largo plazo sin precedentes. Al lado del coste que suponen estas políticas, la apelación a las pérdidas ocasionadas por una jornada de huelga creo que es un argumento menor.

Y volviendo al contexto señalado antes, un relativo éxito de la huelga puede contribuir a acortar la legislatura, y devolver por tanto a los ciudadanos la libertad y el poder del voto. Así que desde mi punto de vista bienvenida sea la huelga general, por encima, y a pesar, de los convocantes.

El mapa casi cubierto

Ya tenemos el mapa casi cubierto. Ahora que Ripoll se ha sumado por Alicante a sus colegas de Castellón, el señor Fabra, y a Camps, en representación de la Generalitat Valenciana, sólo faltaría -de momento- que Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia, se animara o le empujaran, y se dejara de pequeñeces como la de insultar a profesores. Algo ha tardado el seño Ripoll en sumarse, ya que como buen zaplanista, de terras míticas algo debió aprender, y sólo faltaba que continuara progresando adecuadamente y aplicara sus aprendizajes esta vez sin maquillajes de ningún tipo: directamente en el sector de las basuras.

Se trata de un equipo en formación que de momento calienta banquillo, pero con un perfil harto definido: presuntos corruptos hasta la médula. Con ello hacen una imaginativa aplicación de la cláusula Camps, evitando con sus sacrificados esfuerzos que los catalanes Millet y compañía les cojan la delantera en la pugna por los inquebrantables derechos autonómicos por saquear, supuestamente, al ciudadano autonomizado.

Con la incorporación del señor Rus se trataría además, de un equipo plurilingüe, como le gusta al excelentísimo Font de Mora, ya que además del castellano versión alicantina, del castellonenc y del valencià normalizado tendríamos a un insigne representante del valencià autèntic. Todos ellos aplicarían ejemplarmente el derecho a elegir en qué idioma presuntamente desfalcan, como avanzadilla del derecho a elegir que los padres de alumnos territorializados lingüísticamente aún no tienen, pero también del quimérico aprendizaje del inglés en la escuela pública y del aprendizaje, esta vez lunático, del chino mandarín.

Mantengamos pues la esperanza de que el actual equipo se amplíe y complete el mapa autonómico valenciano, ya que a decir de los populares el trabajo de Rubalcaba a este respecto es a destajo. Mientras tanto dejemos actuar a la ciega Justicia y su correctísima presunción de inocencia. Ello no obsta para que exprese desde aquí mi más completa, personal e intransferible confianza en los méritos de los imputados para ocupar sus puestos en el banquillo de este, aún, equipo en formación.

Un partido nacional

Se ha publicado que UPyD exigirá a PSOE y PP reformar la Ley Electoral como condición para pactar ayuntamientos y autonomías, como una “condición nacional previa” que estará en juego en todos los sitios donde UPyD sea necesario. Desconozco si lo publicado y puesto en boca de nuestra portavoz, Rosa Diez, es una posición oficial de la dirección del partido. Sin embargo, quiero expresar desde aquí mi satisfacción por este tipo de posicionamiento, que señala bien a las claras una de las características políticas singulares de UPyD: la de ser un partido inequívocamente nacional.

En efecto, este partido nace para ofrecer alternativas de conjunto a problemas que nos afectan a todos, independientemente del lugar de España donde vivamos. Alternativas basadas en la conquista de mayores cotas de libertad individual y de igualdad para el conjunto de los españoles. Alternativas que necesariamente apuntan a una regeneración democrática en profundidad de nuestro sistema político. Y es sabido que uno de los problemas más lacerantes que afectan a nuestro sistema político es el de la actual Ley Electoral, pues consagra que el valor de los votos, según a qué partidos vayan dirigidos, no valen lo  mismo. El sesgo que introduce esta ley, a la hora de ponderar votos y escaños, es el responsable de apuntalar la desigual geometría representativa del llamado “bipartidismo imperfecto” (tándem PP-PSOE más nacionalistas varios), modelo de partidos vigente en España desde la transición. Y ya sabemos lo que podemos esperar, a estas alturas, de semejante modelo.

¿Es correcto subordinar de este modo una problemática local o autonómica a otra de índole nacional, como es el caso, aún cuando ello signifique “sacrificar” posibles concejalías y consejerías? Lo es, sin duda, si lo que se pretende es realmente condicionar la política apuntando a los problemas de fondo desde una voluntad política consecuentemente regeneracionista y no desde un interés parcial, local o partidista. Habrá quien pensará que una cosa es predicar y otra dar trigo. Y efectivamente ya se verá cual pueda ser la gestión de este asunto a la luz de la situación surgida de las próximas elecciones locales y autonómicas. Pero con ello estamos señalando un camino diametralmente opuesto al que nos ofrecen los partidos pseudo-nacionales y nacionalistas que nos gobiernan, oportunistas hasta la médula en pos del poder y de la primacía de la singularidad. Frente a la pútrida y manida política de campanario, política en mayúsculas en torno a lo que nos une. Esa es la razón de ser de este partido, que será nacional, o no será.

Y parió la abuela

Pues de verdad que lo siento por aquellos que mantienen una alta consideración por Felipe González, ya que sus últimas manifestaciones han puesto a sus admiradores a los pies de los caballos. Se trata de dos auténticas perlas cultivadas sobre asuntos clave de la política española actual. Con respecto a la sentencia pendiente del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluña “afea que el Estatut dependa del Constitucional” ya que, a su juicio, con los trámites hasta ahora cubiertos en su singladura -Parlament de Cataluña, Parlamento nacional y referéndum- ha superado ya los filtros legales al efecto. No sólo eso. Afirma también que meter a la justicia, vía Tribunal Constitucional, en este asunto, es un “lío” que “no le toca”. Y para rematar la faena se despacha con una reflexión en la que alerta sobre la excesiva “dependencia” de la política respecto a la justicia. Ahí queda eso. Y digo yo, ¿se pueden decir mayores barbaridades en menos espacio? Difícilmente.

Pero ahí va la segunda perla. Echando un capote a Patxi López, pero también a Ibarretxe, desliza negando la mayor que «si es un delito hablar con Batasuna, pues hablar con ETA tiene que ser más o menos lo mismo», refiriéndose a la inminente sentencia del Tribunal Supremo sobre la denuncia de ilegalidad de los contactos que ambos dirigentes, sus partidos, y el gobierno que por entonces gobernaba en el País Vasco mantuvieron en 2006 con el entorno etarra a través de sus interlocutores batasunos.

Habrá benevolentes que quieran ver en estas declaraciones algún atisbo de razón. Por ejemplo, reconociendo que efectivamente, a la Justicia en este país le está tocando lidiar con demasiada frecuencia con temas que en principio pertenecerían a la escena política. Es decir, señalando una excesiva judicialización de la política. Pero es que señores, esto ocurre como síntoma de lo que desde UPyD venimos afirmando desde hace ya más de dos años, y es el absoluto fracaso del sistema partidista imperante en España para resolver los asuntos clave de los que depende nuestro futuro. La judicialización de la política se produce por la irresponsabilidad de los dos grandes partidos frente a temas como la reforma por la puerta de atrás de la Constitución vía estatutos de autonomía de segunda o tercera generación, la quiebra del estado de derecho frente a la amenaza terrorista, o la peste de la corrupción en el entramado político, económico y social. Y por otra parte, ese es legítimo papel de la Justicia en una democracia, determinar en última instancia los límites de la legalidad frente a los otros poderes.

El posicionamiento de Felipe González, en el contexto político actual, no sólo no establece ninguna diferencia con los aspectos más reprobables de la línea Zapatero a este respecto, sino que profundiza en ellos a través de su aspecto más pernicioso: viene a decir que rompamos el último dique que representa la Justicia, que abandonemos cualquier posibilidad de regeneración democrática, que dejemos que la deriva política siga su curso. O al menos así me lo parece.

De la plaza al matadero

Ya lo dijo Ricardo Costa en el inicio del curso político en el coso valenciano: “la Plaza de Toros de Valencia representa la esencia del Partido Popular”, sin saber en aquel momento el papel que le iba a tocar representar. Porque en el escaso mes y medio que van de aquellas palabras hasta hoy, el PP nacional y el valenciano han protagonizado una esperpéntica corrida de toros. El paseíllo inicial brillante y jactancioso, con Rajoy y Camps encabezando protocolariamente el desfile y con Costa a sus espaldas. En la suerte de varas, y oxigenados por la sentencia absolutoria del tribunal valenciano sobre los trajes de luces de Camps, toda la plana mayor pepera convertida en grandes maestros dispuestos al lucimiento con todos los morlacos que salieran por la puerta de toriles: magistrados, periodistas y rubalcabas. A pie firme y armados con lustrosos capotes soslayaron con verónicas las insidias sobre corruptelas proclamando su unidad y honestidad. Todo eran pasodobles y fanfarrias hasta ese momento.

Hasta que ya en banderillas, el toro de la ganadería Rubalcaba, un astado carfosco, barroso, corniveleto y bronco, arreó con una certera acometida la taleguilla del maestro Camps. Y la plaza se espatarró. El público, sobrecogido, pasó a observar todas las suertes que los diestros peperos pusieron en juego para salir airosos ante tan fullero animal: recortes, chicuelinas, serpentinas y reboleras. Todo inútil. La corrida se venía abajo. Ni José Tomas en la Monumental de Barcelona podía arreglar aquello. Ya los diestros Rajoy y Camps tornaban sonrisitas y amores con miradas de soslayo. Sólo cabía una solución, traumática pero con esperanza de asepsia: reconvertir al diestro Ricardo Costa en toro sobrero para acabar la corrida. Apuesta peligrosa, dada la natural reluctancia del hasta ese momento brillante promesa de la escuela taurina del PP. El maestro Camps puso en juego todo el abanico de engaños aprendido en su carrera: lo destituiré Mariano. Sí pero no. Si tú te vas, yo te seguiré, Ricardo. Todos unidos, muy felices y muy bonito. Pero el gran maestro Rajoy optaba por una espera helada, estoque en ristre.

El último tercio de la corrida, el de la suerte suprema, se consumía entre el eco de los clarines. Entre empellones llegó al albero el toro sobrero, tras haber intentado a puerta gayola su última suerte como espada. Y allí recibió el estoque mortal de mano de los maestros Rajoy y Camps, esperanzados en un final airoso para tarde tan aciaga. Pero ya se verá, porque como bien se sabe por estos pagos, hasta el rabo todo es toro.

UPyD, la alternativa

 

Casi al final de la campaña de las elecciones europeas no faltan razones para que cunda el pesimismo y la indignación en la ciudadanía. Los dos grandes partidos que copan el ochenta por ciento del voto, y que por tanto, concentran la mayor parte de las esperanzas de los ciudadanos en que la situación de nuestro país, de nuestra gente y de Europa mejore, han seguido defraudando tales expectativas. Nada hemos podido saber sobre sus propuestas para el Parlamento Europeo. El auténtico debate político ha sido de nuevo hurtado tras la polvareda de trajes, aviones, y brotes verdes. Y falseado otra vez por el muy tramposo antagonismo entre la derecha de unos y la supuesta izquierda de otros. Y mientras tanto, la amalgama nacionalista y los indeseables proetarras pescando en río revuelto.

¿A quien interesa todo esto? A la gente desde luego que no. Pero a un partido como el nuestro, UPyD, el llamado partido de Rosa Díez, tampoco. Desde las modestas fuerzas de un partido aún pequeño, joven, y no profesionalizado, hemos intentado dar a conocer una auténtica alternativa, un auténtico programa político para nuestro país en el escenario europeo. Sin insultos ni demagogias baratas. Nuestra propuesta es cristalina por que responde a una necesidad palmaria: una España fuerte en una Europa unida. Que se profundice de verdad en el modelo social y democrático que debe representar la Unión Europea. Que el parlamento europeo sea un auténtico foro democrático de decisión al servicio de los intereses generales. Que se simplifique y racionalice su funcionamiento para evitar burocracias y gastos innecesarios, liberando fondos para hacer frente a la crisis e impulsando la creación de riqueza con un sentido social. Propuestas que las tienen que llevar a Europa parlamentarios que apuesten por una España fuerte, donde se garantice la igualdad de los españoles sin importar el lugar en el que vivan. Donde competencias básicas como la sanidad y la educación sean estatales. Donde no se permitan dislates como la inmersión lingüística obligatoria marginando la lengua común. Donde las medidas anticrisis partan de un diagnóstico común, consensuado, y se dirijan realmente a la reactivación económica y a la protección social.

Este mensaje, que pretende estar hilvanado desde el sentido común y al servicio de los intereses generales, resulta por lo visto muy peligroso para algunos pocos pero muy poderosos, a quién les va muy bien manteniendo su chiringuito. No interesa que nuestro discurso se conozca y se valore. Sin embargo, tenemos la esperanza de que muchos ciudadanos se animen a votar crítica y reflexivamente, y que sólo si les parece bien nuestro programa nos apoyen. Ese es en definitiva, el auténtico voto útil y en favor de todos.

Dos casos ilustrativos

El primero: la pugna del PSPV por desalojar al alcalde del PP de Benidorm una vez la mayoría municipal se ha visto trastocada por la espantada de un concejal tránsfuga de este partido. Es decir, una situación en todo similar, por simétrica, a la protagonizada por Zaplana en 1991 precisamente en esta misma localidad. Entonces los socialistas se quedaron sin vestiduras de tanto rasgárselas, y ahora, aún con un Pacto Antitransfuguismo de por medio, los socialistas dudan sobre cómo aprovechar la oportunidad brindada: por la vía directa, mediante una moción de censura, o por la vía indirecta, con una moción de confianza. Tal como denomina algún periódico, frente al marujazo del PP en 1991, el PSPV-PSOE cavila cómo llevar adelante el bañulazo, en referencia a los nombres de los tránsfugas de uno y otro periodo.

El segundo: el PSPV clama al cielo frente a la escandalosa negativa del gobierno Camps a desvelar el montante del contrato firmado para financiar a la empresa organizadora de la Fórmula Uno en Valencia; el dinero utilizado es público pero su conocimiento privado y/o reservado, alega de forma desvergonzada Camps. Pero ni corta ni perezosa, la vicesecretaria de comunicación del PPCV, en defensa de la posición de su partido replica que lo que tienen que hacer los socialistas es interesarse primero por la cuantía del contrato firmado por el mismo motivo por el tripartito catalán, comandado por el señor Montilla, que también permanece oculto.

Sirvan estos dos ejemplos para ilustrar rasgos esenciales de la situación política en la Comunidad Valenciana, que no son más que particularidades de una situación más general en España, derivadas de la asfixia a que nos conduce el modelo vigente de poder bipartito PP-PSOE: ambos grandes partidos subordinados a unos mismos intereses inconfesables pero redes clientelares distintas, haciendo uso de las mismas armas deleznables. Para que quede claro: también aquí en la Comunidad Valenciana, ambos son el problema, ninguno la solución. Y la alternativa que un partido como UPyD debe ir fraguando tiene que estar fundamentada en demostrar a la ciudadanía que efectivamente, éste es un partido diferente, de otra pasta, en lo que dice, en lo que hace y en cómo lo hace. Hay una necesidad perentoria de una alternativa real, de una alternativa ciudadana, de una alternativa consecuente. En nuestras manos está.

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